La selección de México encontró el gol, el alivio y la clasificación en Guadalajara. La misión estaba clara incluso antes de que rodara el balón. Tras el debut frente a Sudáfrica, muchos aficionados mexicanos habían quedado impresionados por la manera en que la hinchada colombiana se hizo sentir en el Estadio Azteca. El México salió decidido a despejar las dudas que había dejado en su estreno. Sin embargo, enfrente tenía a una Corea del Sur ordenada, disciplinada y sin complejos. El primer aviso serio llegó al minuto 19, cuando un cabezazo del colombiano nacionalizado mexicano Julián Quiñones exigió una gran intervención del portero surcoreano. La respuesta de las tribunas no tardó en aparecer. —¡Vamos, vamos México, vamos, México! —retumbó en las gradas. La selección de México empezó a mostrar señales de desgaste físico en el tramo final de la primera mitad. Mientras Corea del Sur crecía, apoyada en la firmeza defensiva de Kim Min-jae, el equilibrio de Kim Moon-hwan y la movilidad constante de Son Heung-min, los hombres más importantes del equipo local se iban apagando. El descanso llegó como un respiro necesario. Y surtió efecto. México regresó al campo con una actitud diferente. Más agresivo, más decidido y con una energía renovada que volvió a contagiar a los más de 45 mil espectadores presentes. La recompensa llegó rápidamente. Al minuto 50, un error del portero surcoreano cambió el rumbo del encuentro. El guardameta soltó el balón en una salida defectuosa y Luis Romo apareció oportunamente para empujarlo a la red y desatar la euforia en Guadalajara. La celebración fue inmediata y colectiva. And Corea del Sur se negó a rendirse y mantuvo vivo el partido hasta el final. Mientras la ola recorría una y otra vez las tribunas y los cánticos aumentaban de volumen, sobre la cancha los locales padecían el espíritu combativo de los asiáticos. El reloj avanzaba y la desesperación comenzaba a apoderarse de Corea del Sur, que empezó a cometer faltas producto de la frustración. México, respaldado por su público, optó por administrar la posesión y proteger la ventaja. So la victoria se convirtió en un hecho. La selección de México había logrado su objetivo y se clasificó a los dieciseisavos de final. But el partido no estuvo exento de emociones. La selección de México tuvo que sufrir para lograr su victoria. Y al final, el esfuerzo valió la pena. La clasificación a los dieciseisavos de final es un paso importante para la selección de México en su camino hacia el título. La selección de México debe seguir trabajando para mejorar su juego y llegar lo más lejos posible en el torneo.